El método Tow Center

Probablemente uno de los centros de investigación más interesantes de los últimos años, el Tow Center for Digital Journalism de la Universidad de Columbia, EEUU, me ha vuelto a sorprender esta semana, con dos proyectos que tanto en su forma como en el fondo, se convierten en un ejemplo para proyectar la visibilización del trabajo que se realiza en las escuelas de periodismo.

El primero asombra por el formato en que se presenta la investigación. Se trata de Video Now, un reporte que busca describir la manera en la que las empresas periodísticas generan contenido audiovisual a través de un seguimiento presencial y tres simples preguntas: Cómo definen el formato ‘video’ las organizaciones de noticias, cómo producen sus videos y cuál es el retorno de la inversión que realizan.

Con un sitio creado exclusivamente para el proyecto, lo del Tow Center funciona tanto como un reportaje de largo formato, y una investigación académica en video. Todo licenciado con Creative Commons. Aplausos.

El segundo tiene que ver con el contenido y la pertinencia que tiene un tema así, probablemente en todas las empresas periodísticas, gigantes o no, del mundo. El Amateur Footage: A Global Study of User-Generated Content in TV News and Online Output, tal como lo dice su nombre, es una investigación enfocada en comprender cómo se maneja el contenido generado por los usuarios en los canales de televisión a nivel mundial, y bajo qué condiciones se utiliza (ojo, derecho de autor alert).

Parecido al Nieman Lab, de Harvard o al MIT Technology Review del MIT, lo inspirador de este tipo de iniciativas, es la relevancia que le entregan al lenguaje en el que se debe comunicar las investigaciones que sus académicos realizan. Convertirse en generadores de conocimiento, pero también en un medio que habla de otros medios, es una apuesta que resuelve de alguna forma, la gran brecha que separa a la academia de la ‘realidad observada’.

Un ejemplo es el caso de la NPR, uno de los medios que mejor trabaja su estrategia digital y que tiene entre sus filas al gran Brian Boyer, con quien compartí una Hackaton hace unos años. La foto al final.

La mala costumbre de ‘agregar’ contenido

Uno de las razones por las que resulta interesante conocer cómo se regula el contenido que los medios de comunicación publican en Internet, es por la inmensa cantidad de ejemplos que existen para respaldar la idea de transparentar ciertas prácticas, y descontinuar tantas otras.

Justo hoy en la mañana, Poynter publicaba un artículo donde se preguntaba por facilidad con la que el concepto de ‘curador de contenido’ se ha instalado en el lenguaje de las empresas periodísticas en Internet, y cómo se ha ido adoptado en las estrategias digitales de algunos medios.

Elegir entre el caudal de artículos relativos a cierta temática, tomar los datos, re-redactarlos (en el mejor de los casos) y publicar para generar tráfico propio. Resumir noticias, en definitiva. ¿Qué diferencia hay entre esto y ser un ‘Agregador de contenido’? se pregunta Poynter.

“Isn’t that what we used to alternately praise HuffPost for doing with brilliant regard for its audience and accuse HuffPost of doing with reckless disregard for purveyors of original content?”

¿Será que la única diferencia entre lo que hacen los ‘curadores de contenido’ y lo que hace un ‘agregador’ es que el primero está mediado por un humano y el segundo, por un robot?

Lo interesante de esta discusión es qué pasaría si una empresa periodística realmente se opusiera a este tipo de prácticas. El gobierno alemán y sus periodistas lo han hecho con Google News (hasta cierto punto), ¿pero y el Huffington Post y BuzzFeed y The Clinic? ¿Qué pasaría si un medio quisiera demandar a otro por ‘curar su contenido’ permanentemente? Probablemente nada. Los hechos noticiosos, las cosas que ocurren, no son sujeto de derecho de autor. No se puede atribuir autoría alguien que cuenta lo que pasó. Pero sí puede ser grave que esos hechos se cuenten de la misma forma, con el mismo texto.

En el periodismo esto siempre se ha entendido. De ahí que el fin último de cada día en una redacción es golpear. Ser el primero en entregar la información. Si el resto ‘te copia’, lo hiciste bien.

En este contexto, la discusión que se dio hoy en Twitter entre la periodista de Buzzfeed que escribió un artículo sobre las Costumbres chilenas que encantarían a los extranjeros (o algo así), y Andrés Azócar, uno de los periodistas chilenos que más experiencia tiene en medios digitales, da para análisis.

Es sabido que The Clinic copia artículos de Buzzfeed. Y digo copiar porque eso es realmente lo que hace y todos nos damos cuenta (hasta LoserPower), pero hoy la nota se publicó también en La Segunda y sin ninguna referencia.

¿Qué se hace en estos casos? Lo que hizo Biobío en 2010 con La Tercera es un ejemplo de un medio que se hartó y su única defensa fue hacerlo público.

Erradicar la ‘mala costumbre’ de no atribuir es pecado de muchos y lamentablemente, un vicio del mal y añejo periodismo. Y con esto no estoy haciendo una defensa a las empresas de contenido a quienes ‘les roban’ sus productos, sino más bien un llamado de atención para repensar lo obsoletas que son las políticas de propiedad intelectual que algunos medios utilizan para ‘proteger’ el material que publican en Internet.