|4| Propiedad intelectual y derechos de autor en medios online: Alternativas de protección de contenidos en la era digital

Chile y el mundo

Alguien dijo que Google promovía la promiscuidad.
Eso es malo para las relaciones pero bueno para el periodismo.
En el HuffPo hacemos enlaces a todas partes,
porque a la gente le interesa.
Si sólo le das a las personas tu propio contenido,
se van a ir a otro lado.
– Arianna Huffington

¿Por qué El Mercurio ha anunciado (¿ya empezó a hacerlo?) que cobrará por sus contenidos online si las cifras muestran que desde que The Times hizo lo mismo, perdió cerca del 90% de los lectores por Internet?

Los objetivos del periodismo que plantea Rupert Murdoch parecen no tener tanto valor social o masivo, sino más bien de una exclusividad que genera más atractivo en los avisadores por el tipo de usuarios al que llegan con sus suscripciones.
En este sentido, El Mercurio estaría planteándose ir en una línea similar, al intentar quedarse con sus lectores fieles de un sector socio-económico alto que valora el pagar por un servicio en Internet.

El cobrar o no por los contenidos digitales es otra arista más de esta adaptación de los medios de comunicación a los modelos económicos que parecen más viables en Internet y dicen mucho del valor que le asignan al periodismo como mediador de realidades.

Insisto. Entender estas decisiones comerciales, es reconocer la forma en que un medio se plantea ante su audiencia, y en definitiva da cuenta de quién es su principal público de interés.

Volvamos al punto inicial: los medios y los derechos de propiedad intelectual en la era digital. Tal como observamos en los casos chilenos, en la esfera internacional también se han dado experiencias en que los medios han decidido cambiar sus políticas de copyright a un estándar como el que ofrece Creative Commons.

En octubre del año pasado, la edición italiana de la popular revista de tecnología y cultura, Wired, comenzó a licenciar sus contenidos web con Creative Commons. Riccardo Luna, editor de la publicación, calificó la decisión como “un pequeño paso en la dirección correcta, una señal clara a todos los demás”.

El reconocido sitio de noticias español, 20minutos.es, desde el año 2005 que funciona con el licenciamiento CC que permite copiar, distribuir, mostrar, hacer trabajos derivativos y el uso comercial de sus contenidos, con algunas condiciones.
Para qué hablar de todos los blogs especializados en tecnologías, ciencias, deporte, música. Lo raro, hoy por hoy, es no encontrarse con el banner de Creative Commons que detalla el tipo de licencia que ha adoptado el sitio.

Ciertamente desde la independencia resulta mucho menos arriesgado tomar la decisión de liberar los contenidos para que puedan ser utilizados con responsabilidad por los usuarios. Sin embargo, pienso que la diferencia más importante entre la rapidez con la que los blogs se han apoderado de la cultura libre, en comparación con los medios, es que para ellos la Internet es su ambiente natural y entienden perfectamente las reglas. Nacieron como usuarios, y ven el mundo de la web como un espacio libre.
Los medios, por el contrario, tienen que adaptarse, tienen que empezar desde cero a entender el funcionamiento y su lógica, tienen que entrar en un ambiente en el que por alguna extraña razón, ya no les es tan propio.

Sin ánimo de parecer estar promocionando o vendiendo un modelo de gestión de contenidos que –por cierto- es gratuito y pertenece a una fundación sin fines de lucro, creo pertinente englobar la labor de los medios dentro de un proceso de cambio universal en que la Internet está jugando un papel fundamental.
No sólo la prensa está cambiando su manera de presentarse en el mundo online, sino también los gobiernos poco a poco están adoptando políticas de transparencia que propician una relación más cercana con los ciudadanos.

En países como Australia o el Reino Unido, la visión del usuario como un ciudadano común y corriente que cada vez más se nutre de Internet para informarse sobre lo que sucede en su vida y entorno, se ve representada en las políticas públicas de gobierno que fomentan el acceso libre a los contenidos publicados en su web. Es lo que se ha bautizado en el extranjero como Open Government o Gobierno Abierto, donde la información pública se asume como un bien común que debe estar disponible para la ciudadanía, con el fin de promover la transparencia y la participación en democracia. Uno de los elementos básicos para que esto se diferencie de lo que día a día observamos en los sitios del gobierno, es que el acceso a los datos públicos posibilite el uso amplio del material, es decir, que además de estar licenciado libremente, se distribuya en formatos abiertos y altamente reutilizables, como XML o similares.

Barack Obama y el gobierno de los Estados Unidos van en la misma línea. El sitio que creó para su campaña política estaba licenciado con Creative Commons y cuando asumió la presidencia del país, una de sus primeras medidas fue licenciar abiertamente el portal de la Casa Blanca. Para él, fortalecer la base de la libertad parte por dinamizar la participación ciudadana y promover la transparencia.

Del mismo modo, cuando el gobierno del Reino Unido decidió adoptar las licencias Creative Commons para liberar casi la totalidad de la información pública, lo hizo pensando en tres factores; el primero de ellos es la idea de que el sector público debe garantizar que los procesos de concesión de las licencias sean simples y permitan alentar a la sociedad civil, emprendedores sociales y al sector privado, para volver a utilizar la información con el fin de promover actividades creativas e innovadoras, entendiendo que ello entregará enormes beneficios para el Estado. El segundo, hacer un gobierno más transparente y abierto en sus actividades, asegurando que los ciudadanos estén mejor informados sobre la labor del gobierno y del sector público, y el tercero, permitir una participación más cívica y democrática.

En educación, los cambios también son evidentes. El Instituto Tecnológico de Masachusets (MIT en sus siglas en inglés) ha sido, sin lugar a dudas, la institución académica que ha permanecido a la vanguardia en la implementación de prácticas abiertas para innovar en términos educativos. En el año 2001 puso en marcha el “Open Course Ware”, una iniciativa editorial a gran escala que proporciona materias o cursos gratuitos y de acceso libre a disposición de todos los usuarios del mundo.
La idea central del proyecto no estuvo en generar un servicio de educación a distancia ni mucho menos. Las Universidades que han adherido al programa no entregan diplomas ni títulos a los usuarios, sino que simplemente eliminan ciertas barreras de acceso que tradicionalmente se han interpuesto entre las personas (estudiantes o no) y el conocimiento. De esta manera, para marzo de 2009 los profesores del Instituto aprobaron la nueva política bajo la cual todos los autores del MIT dan permiso no exclusivo para la difusión de sus artículos de revistas de acceso abierto a través de DSpace, una plataforma de software open source. Con ello, se convirtieron en la primera Universidad de Estados Unidos en aplicar plenamente una política seria y transversal a todas sus facultades.

Meses más tarde, el Universisty College London anunció la decisión de ofrecer acceso libre a todas sus investigaciones alojadas en la web, con el propósito de impulsar la economía y así derribar las barreras que se imponen en el desarrollo de avances científicos.
En la misma línea, la prestigiosa Universidad de Harvard adoptó, desde febrero de 2008, una política clara en favor del Open Access, mediante la creación de un repositorio documental que alberga todos los trabajos de sus investigadores.
Iniciativas que se han replicado en la Universidad de Barcelona y la de Oxford, y que han caminado en paralelo a las propuestas elaboradas por los propios estudiantes.

¿Por qué el periodismo tendría que ser una excepción? ¿Por qué, si nuestra materia prima –la información, los datos- son los elementos que mueven a la sociedad de nuestro tiempo, tendríamos que poner barreras al acceso y la utilización del material que elaboramos?
Son tantas las preguntas que surgen al intentar entender la posición en la que la profesión se encuentra en el mundo de hoy, que la ansiedad por encontrar un modelo que gestione perfectamente las finanzas, con el trabajo bien remunerado y la construcción de una sociedad que valore el plus que tiene un profesional de las comunicaciones, no debería generar nada más que creatividad. Ideas que sirvan para complementar de la mejor manera posible las herramientas con las que contamos y que deriven en el desarrollo íntegro de la profesión.

Para ello, y si no se alcanzó a entender en las líneas anteriores, es que esta reflexión nace de la inquietud por discutir sobre los medios de comunicación existentes en el país.

Si el campo laboral del periodista en medios en Chile está prácticamente saturado, entonces el profesional que busca otras áreas donde desarrollarse –como sucedió en mi caso- puede observar desde afuera cómo se constituye la oferta informativa y así, encontrar los elementos que, a la luz de los intereses que cada uno tenga, cobren mayor o menor importancia.
Observar las políticas de privacidad de los medios, y entender sus implicancias en la configuración de la oferta que diariamente, segundo a segundo, nos entregan, es un ejercicio sano y útil para la profesión.

¿Quién habla de medios en Chile? Pocos y nadie. El tema más relevante es que en Chile los medios no son tema. Que la educación en medios de la población en general sea más bien exigua, incide en el entendimiento que tienen las personas al escoger tal o cual medio de comunicación que tarde o temprano, configurará su concepción de la realidad.

Iniciar una conversación sobre las implicancias en la utilización de Google News, servicio que ofrece Google para que los medios se indexen permitiendo que sus contenidos estén disponibles de manera organizada –por temáticas y destacadas–, los titulares y primeras líneas de las noticias a los usuarios, que ha traído problemas legales para los medios en todo el mundo; entender de qué forma un medio puede utilizar un video que está en Youtube para acompañar una nota, o en qué afecta que una fotografía tenga derechos de autor para que yo pueda copiarla y pegarla en mi muro de Facebook, son preguntas que vale la pena responder.
Una sociedad funciona mejor cuando las reglas del juego están previamente establecidas y son claras para todos. Tal como cuando un artista dice regalar un disco en Internet, pero no señala qué puedo yo hacer con este (copiarlo, regalarlo, venderlo, remixarlo, etc.), los medios de comunicación hoy más que nunca, tienen el deber de informar hasta qué punto el contenido que me ofrecen es mío o no. Y si no lo es, entonces no generar la ilusión de que funcionan con una lógica abierta.

Esclarecer estos puntos sin duda conducirá a un mayor entendimiento y a aprovechar de mejor manera ese valor tan preciado que tiene una buena historia contada por un buen periodista. No es la idea arriesgar una demanda cuando estamos haciendo algo tan humano y simple como compartir.

(Ensayo periodístico elaborado en base a la práctica profesional realizada en ONG Derechos Digitales – Último trabajo como estudiante de periodismo)

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