|3| Propiedad intelectual y derechos de autor en medios online: Alternativas de protección de contenidos en la era digital

Internet: La economía del link

“La gente de los medios
ve Internet como un medio.
Pero no lo es. Es un sitio,
un espacio donde conectar”
Jeff Jarvis.

En una entrevista al Diario El País, Jacob Weisberg , destacado periodista político y editor en jefe de la revista Slate (división del Washington Post) es uno de los que cree en la economía del link frente a la “economía de la tinta”: “El periodismo impreso no da importancia a los links, pero de hecho, son los que permiten al texto tener una dimensión adicional. El hipertexto permite crear nuevas dimensiones alrededor de una historia. La sintaxis de los links es muy importante. El link te puede decir: “Aquí está la evidencia de lo que digo”; o “aquí está la fuente de mi información”; o “aquí está el debate sobre este tema”; o “aquí está el golpe final del chiste”.

Para entender de mejor manera en qué consiste esta forma de monetizar un medio online, vale la pena conocer el caso del Huffington Post.
Tal como relata el artículo publicado en Revista Qué Pasa, el periódico online creado por Ariana Huffington ha generado uno de los modelos de mayor éxito en el mercado estadounidense, superando a The Washington Post, The Wall Street Journal y USA Today. Cuenta con 127 empleados, donde 55 de ellos son periodistas, y pese a que produce algunas noticias propias, su gran valor está en seleccionar informaciones de otros medios y presentarlas del modo más elegante posible, generando tráfico hacia esos medios mediante links.

“Nuestros lectores leen, pero también comparten y a veces contribuyen con sus aportaciones a las historias”, sañala Huffington , quien asegura que la economía del link no es ilegal y no viola leyes de copyright pues se ampara en los Usos Justos. “Lo que hacemos es el uso justo en virtud de las actuales leyes de copyright. Sólo se toma un párrafo, o así, y se pone un link a la historia original. De ese modo generamos mucho tráfico hacia esa historia. Por ese motivo tenemos constantes peticiones de reporteros de otros medios para que enlacemos a sus historias”, sentencia.

El plagio o “pirateo” es la gran falacia con la que en ocasiones se acusa a medios que se nutren de otros para publicar contenido atractivo y conseguir avisadores. Dicha práctica que se ha efectuado por años y como en todo orden de cosas, se ha trasladado a las esferas de Internet, provocando la ira de todos los que creen que en Internet se puede mantener cierto control sobre lo que pueden o no compartir los usuarios.

Tal como afirma Juan Varela , periodista y consultor de medios español, “los informativos en radio comenzaron leyendo los diarios. Los semanarios han vivido muchos años de los diarios. Los diarios se copian entre ellos y así… Revistas como The Week o Reader’s Digest y servicios como Aceprensa han vivido siempre de la obra ajena y el resumen: un trabajo editorial lícito y valioso”, pues la información se atribuye a su fuente inicial. Abusos hay y habrá de un lado, los que quieren cobrar, y otro, los que no quieren pagar. Para solucionar el problema es mejor ir a su origen y a la responsabilidad individual del periodista: si no plagias, tendrás menos posibilidades de ser plagiado; si atribuyes, tendrás más posibilidades de que te citen. Un poco de ética para que luego se pueda distinguir nítidamente al pirata del reportero.”

Así y todo, los grandes medios que nacieron en la era análoga, todavía parecen desconocer la cantidad de efectos que tiene el hecho de generar una cultura de participación entre los usuarios, donde converjan distintas formas de hacer periodismo.
“Free” y “Free Culture” son dos libros que sirven como una mapa para entender de qué manera lo “libre” (no utilizaré el término gratis pues se presta para confusiones ¿existe algo verdaderamente gratis en esta vida?) puede ser rentable, y cómo ello se transforma en una cultura que vive y crece en Internet.
El primero es un libro-ensayo escrito y pensado por Chris Anderson, editor de la revista Wired, especializada en tecnología y tendencias. Según Anderson, el crecimiento tecnológico en todo orden de cosas ha propiciado la reducción de los costes de almacenamiento, de banda ancha y de procesamiento, permitiendo a las empresas ofrecer productos a costo cero, dando lugar a un modelo de negocios propio de esta nueva era.

¿Dónde está lo rentable entonces? Las cuatro estructuras de lo gratis que esgrime el periodista y economista se centran en el concepto de la subvención cruzada: las cosas tienen un coste que alguien asume a cambio de recibir bienes tangibles (como el dinero) o bienes intangibles (como la reputación). Estas son:
1- Subsidios Cruzados directos. Un teléfono celular lo consigues a un precio mínimo o “gratis” siempre y cuando firmes un contrato de un año con el operador celular de tu país.
2- El mercado trilateral. Recibir una copia de un diario gratuito o ver los canales abiertos de TDT no me cuestan dinero porque recibo anuncios a cada segundo
3- Freemium. Spotify es gratis (en UK y España) para quienes oyen anuncios (caso 2) pero por medio de pago, puedes eliminar esa publicidad que resulta fastidiosa.
4- Mercados no monetarios. Consultar las reviews de bebidas en sitios de referencia no cuesta dinero, pero generan utilidad para quien desea comprar un producto y reputación para el editor.

¿Dónde se sitúan los derechos de propiedad intelectual en un mundo donde el costo cero es el motor de la economía?
Es tan interesante el planteamiento de Anderson al respecto, que vale la pena citarlo para evitar malos entendidos.
“Las personas no van a inventar cosas si no pueden ser recompensados por aquello. Las patentes y el copyright son las formas en que los creadores se aseguran de que recibirán algún pago. Entonces ¿cómo se justifica tener patentes y leyes de copyright si el mercado espera el costo cero?

En realidad, la historia de la propiedad intelectual reconoce el poder de lo “libre”, pues está basada en las tradiciones del mundo científico donde los investigadores libremente construían conocimiento en base al trabajo publicado por otros que estuvieron antes que ellos. En el mismo sentido, los creadores del sistema de patentes (liderados por Thomas Jefferson) querían fortalecer el sistema de compartir información, pero se dieron cuenta de que la única forma de hacer que la gente pagara por sus inventos era manteniéndolos en secreto. Así, los Founding Fathers, encontraron otra forma de proteger a los inventores; el periodo de patente de 17 años.

Con esta, a cambio de la publicación abierta de una invención, el inventor puede cobrar un canon a cualquier persona que lo utiliza mientras dure la patente, pero después de que el plazo expire, la propiedad intelectual sería libre.
Entonces existe un espacio para lo libre en las patentes -que se activa después de 17 años (el copyright también debía expirar, pero los congresistas han continuado extendiéndolo).

Sin embargo, una creciente comunidad de creadores no quieren esperar tanto tiempo y están eligiendo rechazar estos derechos y la liberación de sus ideas (sean estas palabras, imágenes, música, o código) bajo licencias como Creative Commons. Ellos son los que creen que lo verdaderamente libre alienta la innovación, haciendo todos los procesos más simples y fáciles.
Lawrence Lessig es el autor del segundo libro que mencioné y creador de las licencias Creative Commons. Publicado en el año 2004, “Free Culture” describe cómo los grandes medios usan la tecnología y las leyes para encerrar la cultura y controlar la creatividad. Según Lessig, “una cultura libre no es una cultura sin propiedad, del mismo modo que el libre mercado no es un mercado en el que todo es libre y gratuito. Lo opuesto a una cultura libre es una “cultura del permiso”–una cultura en la cual los creadores logran crear solamente con el permiso de los poderosos, o de los creadores del pasado”.

¿Qué tiene que ver esto con el periodismo? Mucho. ¿No es el periodismo acaso, la profesión que aporta en la configuración de ideas de mundo de las personas y que construye realidades para determinada comunidad? ¿Qué es eso sino cultura?
En Chile, las licencias Creative Commons fueron adaptadas a la legislación local por ONG Derechos Digitales, entidad que se encarga de promover y difundir su uso en los más diversos ámbitos de la creación intelectual. Su importancia en el desarrollo de la profesión periodística es respaldada por un grupo de editores y profesionales que ven en ellas una oportunidad para establecer criterios claros sobre la misión del medio y la visión que tienen de esta nueva sociedad que está constantemente compartiendo información.

Universalmente, estas licencias tienen seis formas de conjugarse y funcionan en la medida que el usuario esgrime cual de ellas se acomoda más a los objetivos que persigue la persona con la publicación de su material.
Según estipula Lessig, las cuatro licencias básicas son: De reconocimiento (attribution), donde se establece que el material creado puede ser distribuido, copiado y exhibido por terceras personas si se muestra en los créditos; no comercial (non commercial), en la el material original y los trabajos derivados pueden ser distribuidos, copiados y exhibidos mientras su uso no sea comercial; sin derivadas (no derivate works): el material creado puede ser distribuido, copiado y exhibido pero no se puede utilizar para crear un trabajo derivado del original y licenciar igual (share alike): el material creado puede ser modificado y distribuido pero bajo la misma licencia que el material original.

El primer medio de comunicación del país que se atrevió a licenciar sus contenidos bajo una licencia Creative Commons de tipo Atribución- No Comercial – Sin Derivadas fue El Mostrador, uno de los medios digitales que durante el año 2010 explotó comercialmente.

Las cifras de su éxito explicadas por su editor, Miguel Paz se diversifican en seis ejes:

1.- Según Google Zeitgest, El Mostrador se ubica en el top 10 de búsquedas emergentes de servicios informativos en Chile.
2.- Según Google Analytics, en noviembre de 2010 El Mostrador tuvo 3.115.794 de visitas y 6.137.566 de páginas vistas. Esto equivale a un 140% de crecimiento en visitas y un 97% de aumento en páginas vistas con respecto a noviembre de 2009.
3.- Google Trends sitúa a El Mostrador por encima de otros sitios de noticias con tráficos más o menos similares.
4.- Mayor promedio de lectura de medios chilenos. El 88,75% de las visitas de este medio provienen de lectores y usuarios que viven en Chile.
Asimismo, de acuerdo al Primer Estudio Nacional de Lectoría de Medios Escritos, realizado en conjunto por Feedback y la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales, los lectores de El Mostrador dedican 47 minutos diarios en promedio a navegar por el sitio, superando al resto de medios online del país.
5.- Vínculos potentes con la comunidad online. Desde hace dos años El Mostrador tiene una activa estrategia y presencia en las principales redes sociales. Como parte del flujo diario de contenidos e interacciones de los usuarios de redes sociales como Twitter y Facebook, parte de la misión del medio es incorporarse al “timeline” de sus lectores. Algo que ha convertido a El Mostrador en líder en redes sociales cuando se le compara con los dos grandes diarios chilenos.
6.- Amamos Creative Commons. En concordancia con las nuevas definiciones de derechos de propiedad intelectual y uso de información por parte de la comunidad online, El Mostrador es el primer diario chileno en liberar sus contenidos bajo licencia Creative Commons No comercial-Atribución-Sin Derivadas. Esto significa que los lectores son libres de copiar, distribuir, comunicar y ejecutar públicamente los contenidos de autoría de El Mostrador y sus periodistas (no así el de agencias y fuentes terciarias de contenidos) para uso no comercial, citando y reconociendo autoría, y sin alterar o transformar el contenido usado.

En una época donde muchos anuncian la muerte del periodismo, los datos presentados por este medio de comunicación resultan alentadores.
No cabe duda de que El Mostrador no es un diario ciudadano, y que gran parte de su éxito se debe a que se ha encargado de sacar a la luz pública temas conflictivos, de alto calibre y peso político, abordados con profesionalismo y seriedad.
El hecho de liberar sus contenidos es simplemente una herramienta que ayuda tanto en el negocio del medio, como en la postura que tienen como diario digital. “Creemos en la economía del link y en que Internet es un ecosistema hipertextual donde liberar derechos te da derechos también. En términos concretos: licenciar con CC te devuelve mucho en términos de comunidad, reputación, conexión con los usuarios y rol social. Además permite que nuestros contenidos y marca sean vistos por muchas más personas. Aportamos nuestro contenido al dominio público y recibimos mucho de vuelta… Uno de los objetivos de El Mostrador es convertirse en el online de los que están muy online. Tener CC es parte de nuestra declaración de principios ante nuestra comunidad”, afirma Paz .

Sin embargo, algunos podrán pensar que para un medio que no cuenta con mucha tradición y que no tiene nada que perder si arriesga un poco en pos de generar un cambio “revolucionario”, es más fácil elegir establecer condiciones de uso más permisivos.
Para Radio Bío-Bío eso no es tan así. Según Cristian Leal , editor de Bío-Bío Internet, “desde su fundación, Radio Bío-Bío se ha caracterizado por ser un medio que integra al auditor en sus transmisiones. En cierta forma, La Radio ha sido precursora del periodismo ciudadano, con actos tan simples como poner a los auditores al aire a relatar noticias y reflejar sus denuncias. Este paso es simplemente una ampliación del concepto, donde además nosotros ponemos a disposición de los usuarios nuestras informaciones para que ellos mismos las utilicen”.

¿Qué sucede entonces con los demás medios? ¿Pesará tanto la tradición que tomar una postura estándar y universal (como son las licencias CC) resulta tan complicado?

Cristian Araya trabaja desde ambas trincheras; es director general de uno de los sitios de música especializada más importante del país, Super 45, y director creativo de Radio Duna, perteneciente al grupo COPESA.
Es evidente. Desde la independencia y la autogestión, es mucho más simple plantear iniciativas que se adapten a las reglas de Internet. “Las licencias CC nos acomodan porque Super 45 es un sitio de difusión y promoción. Por ejemplo, si subimos un artículo que puede ser de interés para alguien, la gente si lo cita, puede tomarlo sin ningún tipo de problema”, señala Araya .
En COPESA el asunto ha sido tan poco cuestionado que su forma de plantearse ante esta Red donde todos participamos en la construcción de la noticia, llega a ser contraproducente para ellos y la audiencia. “Yo trabajo de día en un consorcio gigante que tiene derechos reservados y encuentro que es poco eficiente no autorizar que la gente comparta eso. Por ejemplo La Tercera pone la opción “comparte eso en Facebook”, pero al mismo tiempo tiene todos los derechos reservados, entonces hay una contradicción… Hay ciertas cosas que funcionan mejor bajo este tipo de licencias, y eventualmente van a tener que irse hacia allá. O sea, qué viene después, ¿pagar por contenido? Tampoco. Hay ciertas cosas que ya son. Te guste o no. Como un pendejo de 18 que no conciba comprar un disco”, sentencia el periodista.

El ánimo generalizado parece ser el mismo entre los editores “de avanzada” que en definitiva, plantean sus posturas como un asunto de principios, de ideología, de ver en el periodismo un valor propio que debe plasmarse en cada decisión que se toma.
Según Marisol García , destacada periodista freelance de La Tercera, La Nación o El Mercurio, y ahora editora del sitio Música Popular.cl (que licencia sus contenidos con Creative Commons), “el periodismo y la investigación no son tareas completamente creativas (se valen de muchas fuentes), y lo lógico es que no esté sometido a la lógica de propiedad intelectual o lucro tal como la entienden los creadores, aunque sí nos interesa el crédito a nuestro trabajo”. Para ella, el hecho de licenciar con CC “permite que quede claro de inmediato que la información está disponible abiertamente. Que está ahí para su uso y difusión. Que la investigación ha sido concebida como un servicio”.

Sin embargo, el hecho de que estas grandes corporaciones entiendan los nuevos códigos de propiedad que parecen ser los que –querámoslo o no- están tomando cada vez más fuerza en Internet, es una tarea de largo aliento.
Tal como afirma Cristian Leal , “Chile es un país desconocedor de su legislación de propiedad intelectual e incluso conociéndola, muchas veces no le importa transgredirla. Tomando en cuenta que prácticamente todos los medios mantienen una perspectiva de copyright, los usuarios van a tomar de todas formas sus informaciones, estando o no autorizados. Para nosotros es un concepto similar a la validación de la W3C: a nadie le importa, pero quienes saben del tema lo valoran. Aunque suene duro, podríamos decir que actualmente usar Creative Commons en Chile es más una postura filosófica que práctica”.

De esta manera, como en todos los grandes cambios sociales, la adaptación hacia modelos distintos es un proceso lento y que va intrínsecamente con una renovación generacional. Según Araya, “cuando las personas que tienen 30 años lleguen a posiciones de poder, se van a dar cuenta que no tiene sentido ponerle derechos reservados a sus contenidos, porque estás desincentivando un montón de cosas. Uno tiene que adaptarse al escenario y ver cómo usar los recursos eficientemente también. No tiene sentido criminalizar a un montón de gente, porque en realidad el que está al revés eres tú.”.

(Ensayo periodístico elaborado en base a la práctica profesional realizada en ONG Derechos Digitales – Último trabajo como estudiante de periodismo)

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