|2| Propiedad intelectual y derechos de autor en medios online: Alternativas de protección de contenidos en la era digital

La evolución de la revolución

“Esta es la primera generación de personas
que trabajan, juegan, piensan y aprenden
de manera diferente a sus padres.
Se trata de la primera generación
que no le tiene miedo a la tecnología.
Es como el aire para ellos”
Dan Tapscott.

Observar los procesos que se desarrollan al interior de los propios medios, y comprender desde una visión crítica de qué manera se hacen visibles los objetivos que determinada empresa periodística persigue, son aspectos esenciales para analizar la construcción de la realidad que diariamente ocurre en las salas de edición.

Todo estudiante de periodismo debería entender que lo que publican y lo que no publican los medios, está diciendo algo más allá del mero contenido y la conjugación de datos que presentan. Asimismo, las decisiones editoriales que ellos mismo toman, también hablan sobre sus objetivos como mediadores de la realidad, y el lugar que tienen en la configuración mediática.
Lo anterior también se adscribe a las publicaciones independientes, quizás las más contentas con este nuevo espacio para darse a conocer.

Lo que deseo explicar a continuación es la manera de pensar un medio de comunicación digital que me dejaron las conversaciones que tuve con Miguel Paz (editor de El Mostrador), Marisol García (periodista freelance de El Mercurio y La Tercera) Cristian Araya (editor de Radio Duna y del sitio Super 45) y Cristian Leal (editor Bío-Bío Internet), las que de cierta manera, perfilan las responsabilidades de estos nuevos medios que se crean en Internet, y de otros que se adaptan a las nuevas costumbres de los usuarios.

En el marco de la revisión aniversario de las licencias Creative Commons, ellos entregaron los puntos de vista que constituyen esta manera de entender el periodismo y que representa, en gran medida, los pensamientos del movimiento por la cultura libre que mundialmente está abarcando áreas educativas, estatales, culturales y sociales.

Agudizar la mirada y profundizar la perspectiva para comprender por qué es tan importante que los medios planteen una postura de cómo ven el ordenamiento legislativo del mundo online, en una esfera donde públicamente el tema no es tema.
Antes de entrar en el análisis más detallado de cada uno de los puntos que exponen los entrevistados, creo importante explicar brevemente los conceptos en los que se sustentan las decisiones editoriales de abrir contenidos hacia la comunidad.
Identifico dos formas de abordar los cambios que trajo consigo la irrupción de Internet como el medio de comunicación capaz de abarcar a los otros (ver un programa de televisión, escuchar radio, leer el diario son prácticas que ya no dependen del aparato mismo, ahora todo ello puedo realizarse con una buena conexión a Internet). El primero de ellos tiene que ver con lo que conocemos como Era de la Información y los cambios sociales, mientras que la segunda está ligada intrínsecamente al periodismo y las adaptaciones que ha tenido que hacer para cumplir su labor de informar, o ser un mediador entre la gente y la realidad que los circunda.

Antonio Lucas Marín es un catedrático en sociología español que por unos meses vivió en Silicon Valley, el lugar que funciona como el epicentro de las iniciativas tecnológicas mundiales, para entender de qué se trataba este cambio universal que estábamos viviendo y que tenía como protagonista a las comunicaciones.
En su libro “La nueva sociedad de la información: Una perspectiva desde Silicon Valley”, Lucas Marin describe que este cambio supone una evolución que nace de una revolución que ya tuvo lugar tiempo atrás: “Siguiendo el ritmo del proceso de modernización, desde las sociedades industriales avanzadas hemos llegado a la situación actual. Puede decirse que ha ido apareciendo e imponiéndose un tipo de sociedad que se ha denominado de la información. Su nombre procede de la relevancia que tienen en ella los procesos informativos, la producción y el traslado de la información, que se han hecho cada vez más importantes en la realidad económica y social. Esta nueva etapa de la evolución de la sociedad se caracteriza por el cambio tecnológico, que nos explica la reciente etapa de prosperidad que están experimentando los países más avanzados, con una especial valoración del conocimiento”, afirma.

De esta manera, y tal como lo explicaba al comienzo de este ensayo, es que estamos actuando en respuesta a estos nuevos códigos de comunicación que impone esta era donde el valor de la información y del conocimiento ocupa un eje central.
Unos pocos son los que irrumpen con aplicaciones novedosas y las personas, tanto los ciudadanos comunes como los que manejan los medios que se nutren de aquellas creaciones, responden de la mejor manera que pueden.
Con su observación, Lucas Marín fue capaz de reconocer lo que era evidente: “Con frecuencia las personas sometidas a los procesos de cambio social no son capaces de ser demasiado conscientes de ellos… La urgencia con que usualmente deben abordarse muchas de las tareas habituales, y la lentitud característica del cambio realizado normalmente en las estructuras sociales, hacen que no se alcance una plena conciencia de las modificaciones del entorno”.

Y así, quizás en unos cien años más, cuando la sociedad se desarrolle y viva en mundo inimaginable para cualquiera de nosotros, los estudiosos de la época serán capaces de definir qué ocurrió en los primeros veinte o treinta años en que irrumpió la Internet. Por ahora, no hay más que descripciones y planteamientos que ayudan a reducir la incertidumbre y a iluminar los caminos de un actuar más o menos acorde con lo que los tiempos requieren.
En esta adaptación, el periodismo ha comenzado a cuestionarse cada una de sus áreas de acción, a medida que el poder de las redes que crean los usuarios, en cierta forma está desviando la atención del que por años fue el protagonista y dueño de la información

Dan Gillmor es un periodista estadounidense que en el último tiempo ha analizado en profundidad la labor del periodismo en la era de la información. Para él, la evolución de la profesión ha sido así: primero, el periodismo 1.0 traspasa los contenidos tradicionales de medios analógicos al ciberespacio, luego, el periodismo 2.0 crea contenidos en y para la Red (hipertextualidad, interactividad y multimedia) y tercero, el periodismo 3.0 es participativo.
Si el periodismo como actividad morirá o no, es algo que nadie puede predecir. Sin embargo, es evidente que el modelo de negocios que por años mantuvieron los medios, alimentándose de los avisadores, y cautivando a audiencias, ahora se sostiene en prácticas distintas.

Sin embargo, si nos enfocamos simplemente en lo que se está produciendo hoy, en la primera década del nuevo milenio, volvemos al concepto inicial de la discusión: el compartir contenido y participar.
Como respuesta o como propuesta, todos los medios quieren que sus usuarios participen, que comenten, que intercambien ideas sobre determinado hecho y de esa forma la noticia se vaya construyendo entre los periodistas y la gente que se apropia del contenido.

Es lo que día a día nos invita a compartir enlaces en Facebook, a difundir primicias en Twitter, a citar determinada entrevista en un blog, a añadir tal artículo a mi agregador de noticias, etc. Las interrogantes que surgen de aquellas actividades que parecen tan simples son: ¿Realmente el medio de comunicación me está autorizando a que yo difunda la información tal cual este la publicó, para que yo la reproduzca en cuanta red social se me ocurra? ¿Si el medio -de forma gratuita y sin mediar un documento que acredite que estoy utilizando contenido que no me pertenece- me ofrece la opción de trasladar el artículo de forma íntegra a otro sitio web, entonces significa que su contenido es libre? ¿Si el medio me hace tan participe de lo que publica, puedo traducir sus contenidos a otro idioma y reproducirlos en un sitio que yo misma manejo? ¿Y si es así, por qué no lo licencia de una forma en que todos entendamos qué podemos y qué no podemos hacer con la información ahí expuesta? ¿Qué rol juegan los derechos de autor del periodista, y del mismo medio, en esta “economía del link”?

El copyright digital parece ser el punto de inflexión para cuestionamientos sobre la infraestructura de Internet y las comunicaciones. Según Kathy Bowrey , abogada y autora del libro Las Leyes y la Cultura de Internet, “pese a que se han hecho realizado descripciones de esta nueva modalidad de poder, es necesario hacer más que explorar el fenómeno desde la postura postcolonial, postmoderna y postimperialista. Aunque muchos sociólogos, comunicadores, y estudiosos culturales han analizado desde cada una de sus disciplinas el fenómeno, al parecer han dejado fuera la implicancia legal del tema, donde evidentemente radica la oportunidad de cambiar o mejorar los intereses que cada cual defiende.”

Desde ese punto de vista, el sentido de la discusión estaría dirigido a la regulación o limitación de las prácticas de un usuario que desde el primer día, tuvo la oportunidad de hacer lo que quiso con la información que encontraba en la Web.
La filosofía de un espacio abierto donde todos participamos y compartimos se contradice con los intereses de los medios tradicionales de conseguir un rédito monetario en cada uno de los usos que puede dársele a la información que ellos generan.

¿Puede existir un negocio rentable entregando un servicio gratuito? Lawrence Lessig y Chris Anderson dicen que sí.

(Ensayo periodístico elaborado en base a la práctica profesional realizada en ONG Derechos Digitales – Último trabajo como estudiante de periodismo)

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