La mala costumbre de ‘agregar’ contenido

Uno de las razones por las que resulta interesante conocer cómo se regula el contenido que los medios de comunicación publican en Internet, es por la inmensa cantidad de ejemplos que existen para respaldar la idea de transparentar ciertas prácticas, y descontinuar tantas otras.

Justo hoy en la mañana, Poynter publicaba un artículo donde se preguntaba por facilidad con la que el concepto de ‘curador de contenido’ se ha instalado en el lenguaje de las empresas periodísticas en Internet, y cómo se ha ido adoptado en las estrategias digitales de algunos medios.

Elegir entre el caudal de artículos relativos a cierta temática, tomar los datos, re-redactarlos (en el mejor de los casos) y publicar para generar tráfico propio. Resumir noticias, en definitiva. ¿Qué diferencia hay entre esto y ser un ‘Agregador de contenido’? se pregunta Poynter.

“Isn’t that what we used to alternately praise HuffPost for doing with brilliant regard for its audience and accuse HuffPost of doing with reckless disregard for purveyors of original content?”

¿Será que la única diferencia entre lo que hacen los ‘curadores de contenido’ y lo que hace un ‘agregador’ es que el primero está mediado por un humano y el segundo, por un robot?

Lo interesante de esta discusión es qué pasaría si una empresa periodística realmente se opusiera a este tipo de prácticas. El gobierno alemán y sus periodistas lo han hecho con Google News (hasta cierto punto), ¿pero y el Huffington Post y BuzzFeed y The Clinic? ¿Qué pasaría si un medio quisiera demandar a otro por ‘curar su contenido’ permanentemente? Probablemente nada. Los hechos noticiosos, las cosas que ocurren, no son sujeto de derecho de autor. No se puede atribuir autoría alguien que cuenta lo que pasó. Pero sí puede ser grave que esos hechos se cuenten de la misma forma, con el mismo texto.

En el periodismo esto siempre se ha entendido. De ahí que el fin último de cada día en una redacción es golpear. Ser el primero en entregar la información. Si el resto ‘te copia’, lo hiciste bien.

En este contexto, la discusión que se dio hoy en Twitter entre la periodista de Buzzfeed que escribió un artículo sobre las Costumbres chilenas que encantarían a los extranjeros (o algo así), y Andrés Azócar, uno de los periodistas chilenos que más experiencia tiene en medios digitales, da para análisis.

Es sabido que The Clinic copia artículos de Buzzfeed. Y digo copiar porque eso es realmente lo que hace y todos nos damos cuenta (hasta LoserPower), pero hoy la nota se publicó también en La Segunda y sin ninguna referencia.

¿Qué se hace en estos casos? Lo que hizo Biobío en 2010 con La Tercera es un ejemplo de un medio que se hartó y su única defensa fue hacerlo público.

Erradicar la ‘mala costumbre’ de no atribuir es pecado de muchos y lamentablemente, un vicio del mal y añejo periodismo. Y con esto no estoy haciendo una defensa a las empresas de contenido a quienes ‘les roban’ sus productos, sino más bien un llamado de atención para repensar lo obsoletas que son las políticas de propiedad intelectual que algunos medios utilizan para ‘proteger’ el material que publican en Internet.

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La vida social de los espacios públicos (con Wi-Fi)

Un buen domingo siempre debe comenzar con un artículo interesante para compartir. Hoy, por ejemplo, me encontré con un enlace en  Twitter que me llevó a una columna de Hernán Iglesias Illa publicada ayer sábado en La Nación (Argentina) donde revisa el estudio que un sociólogo estadounidense desarrolló para comprender cómo ha cambiado la sociabilidad de las personas en los espacios públicos en los últimos 30 años. Por qué Twitter nos hizo más sociables toma como referencia el artículo que hace poco más de una semana, publicó el New York Times donde, sin razón aparente, revive lo que Hampton estudió en el verano del 2010.

La investigación desde donde nace todo esto, fue publicada en formato documental y está en Youtube. La vida social de los pequeños espacios urbanos de William “Holly” Whyte es fascinante.

Dentro de las conclusiones que Hampton obtuvo de sus observaciones (disponibles en este paper-ensayo-fotográfico) hay varias cosas que parecen llamar la atención, una de ellas, quizás la más importante, es que seguimos siendo seres sociales. Nos acompañamos para ir a ciertos lugares, compartimos frente a frente con otras personas, y conocemos extraños diariamente. Internet y los aparatos móviles, no hacen más que extender esa necesidad de ‘conectividad’ e incluso, a veces, llegan a provocarla. Ser el punto de inicio.

Pese a que resulta muy interesante contar con evidencia que refute afirmaciones como ‘Internet está matando nuestra sociedad’, quizás lo más atractivo del estudio no tenga mucho que ver con la tecnología, sino con la inclusión de la mujer en la esfera pública.

Según las observaciones de Hampton, la presencia de mujeres en lugares públicos es una variable que aumentó en casi la totalidad de las ciudades que se compararon entre 1970 y 2010.

Una demostración de eso es esta fotografía que me tomó un amigo mientras conocíamos Nueva York, justamente en Bryant Park, el año 2010.

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Blog, espacio recuperado

Persiste el entusiasmo por manejar y nutrir un espacio digital donde guardar (de una manera bastante exhibiocinsta) lo que está en las conversaciones, los pensamientos en la ducha, los análisis en las lecturas, etc.

Vuelvo a tener un blog, con el tierno objetivo de -esta vez- hacerlo durar.

Las fechas estarán un poco perdidas porque intenté recuperar lo que estaba en el primer intento de esta nueva etapa de autora, y que por un error tonto, se perdió en las bases de datos y pasó a mejor vida para ubicarse por el resto de la eternidad, en la dimensión desconocida.

En el año del número par, bienvenidos a mi propia presencia online articulada y pública.

TV Digital: La oportunidad para cambiar algo

Publicada el 26.05.12 en Blogs SoyConcepción

Seguramente cuando usted lea esto, en Santiago ya se habrá llevado a cabo una marcha para democratizar la televisión. Así como se lee. Una manifestación cuyo objetivo es llamar la atención de los parlamentarios y la ciudadanía en general, a estar atentos a la ley (o leyes) que se aprobarán para la implementación de la TV digital en Chile. ¿Qué pide la gente? Gratuidad y calidad.

Suena trivial y hasta utópico. ¿Es posible que algún día lleguemos a tener TV de calidad?  ¿Estamos en posición de exigirla y ser escuchados? Todos sabemos que la televisión es un negocio que se maneja por privados y que, por lo tanto, nuestra voz solamente tiene valor desde la lógica del consumidor, el juego de la publicidad y el rating, y la señora Juanita (o la familia Landeros) que dice que quiere ver más cultura pero que adora Yingo y Primer Plano.

Es la discusión de siempre, entrampada en el círculo vicioso que se produce cuando el eje que mueve la industria está solamente en las lucas que genera. ¿Por qué deberíamos comportarnos como un padre aprensivo que cuida a sus hijos de la basura que lo rodea, cuando en el fondo, cada uno es libre de elegir lo que quiere ver? ¿Por qué la gente le está exigiendo al gobierno que esta nueva televisión, sea de mejor calidad y nos represente? Simple, porque está la oportunidad de hacerlo. Pararse afuera de Mega y reclamarle porque sus programas son amarillistas y no aportan nada, jamás va dar resultado. Hacerle boicot a las empresas que auspician dichos programas, tampoco.

La televisión sigue siendo el medio de comunicación de mayor alcance en el país, y la Televisión Digital es la oportunidad para que sean los propios ciudadanos quienes aporten con ideas para mejorar el sistema al que hemos atacado por años.
En este contexto, la propuesta que la Mesa de Ciudadanía y TV Digital, organización que lidera la manifestación, está compuesta por 11 puntos, que apuntan a generar un nuevo modelo de tv que no replique al anterior, sino que sea una real oportunidad de mejorar el negocio, incluir la participación de nuevos actores, potenciar la creación de redes comunitarias, y en el fondo, democratizar la producción y el uso de lo audiovisual.

Lo anterior cobra mucha más importancia cuando vemos que casi la mitad de lo chilenos no sabe qué es la Tv Digital, y por lo tanto, sería bastante fácil para el gobierno promulgar leyes que nos saquen del juego, simplemente por desinformados.

Imagen bajo licencia CC BY-ND 2.0 de Shimsh90

El costo del conocimiento

Publicada el 19.05.12 en Blogs SoyConcepción

La educación en Chile es sin lugar a dudas, el tema con mayor presencia en la memoria colectiva más reciente del país. Las movilizaciones sociales que paralizaron por meses a universidades, institutos, liceos y escuelas, clamaban por un cambio completo del sistema educativo. ¿Cuáles eran las grandes problemáticas que había que atacar? Lucro y acceso.

Este año, el panorama parece ser similar. Las demandas de los estudiantes no fueron resueltas en su totalidad por el gobierno, asunto que se ha visto reflejado en la convocatoria y el alcance que han tenido las últimas marchas. Sin embargo, pese a todo lo entretenido y redundante que pueda resultar analizar las falencias del sistema educativo actual, tengo la sensación de que hay un tema que pocas veces se ha tocado cuando se debate sobre la educación en Chile; el acceso abierto al conocimiento.

¿Alguno de ustedes conoce alguna universidad nacional que trabaje por la digitalización de sus cursos y el establecimiento de políticas que promuevan el acceso libre a sus materias? Mmmh, quizás estoy pidiendo mucho. Algo más fácil: ¿Conocen algún establecimiento educacional que ocupe Internet para algo más que mantener un portal institucional? Probablemente sí los haya. Conozco el caso de la Universidad de Chile y su proyecto Cybertesis, o la red de universidades Open Course Ware a la que está integrada la Pontificia Universidad Católica de Chile, también la de Valparaíso, y nuevamente la U. de Chile. Sin embargo, pareciera que ninguna de estas iniciativas se ha llevado a cabo con el ímpetu necesario para convertirse en un real aporte y alternativa para mejorar el sistema educativo.

No estoy hablando de potenciar la educación a distancia o el e-learning, sino de repensar la forma en que se distribuye el conocimiento hoy por hoy, donde la ley de propiedad intelectual vuelve a jugar un rol protagónico.

Accesso Abierto

A fines de abril, The Guardian publicó un artículo donde profundiza sobre uno de los puntos más interesantes de la discusión; los exorbitantes precios de suscripción a journals científicos que deben costear las universidades. Y curiosamente, casi en la misma semana, la Universidad de Harvard anunció su total rechazo a los monopolios de conocimiento académico e hizo un llamado a considerar enviar artículos a publicaciones periódicas de acceso abierto.

En Chile, la propiedad intelectual e industrial pareciera ser un tema muy relevante para los académicos, pero solo cuando se habla de patentes o de protección al trabajo realizado. Totalmente meritorio, por cierto. Sin embargo, se ha dejado de lado la búsqueda de instancias para propiciar una mayor apertura hacia la comunidad, a quienes esa ciencia les es (o debe serles) relevante. Probablemente estoy haciendo un juicio de valor demasiado categórico, pero es cuestión de conocer el caso de otras universidades del mundo, para caer en cuenta de lo poco y nada que se ha hecho en Chile respecto a esto.

Una vez más nos encontramos frente a una industria que todavía no ha conseguido dar con la fórmula para adaptarse al entorno digital y lograr equilibrar los beneficios que obtienen los creadores de obras o conocimiento científico, y los que obtiene la sociedad.

La producción de papers científicos indexadas en revistas de pago y la generación de conocimiento que solamente está disponible para los alumnos que pueden costear una educación universitaria, se ampara en un paradigma análogo, donde Internet simplemente existe para lo anecdótico. Y eso hay que mejorarlo. Para eso hay que trabajar.

Cuevana y el derecho a compartir

El caso de Christián Álverez (26), estudiante de Magíster en Arte en la Universidad Católica, considerado “administrador” en Chile del sitio argentino Cuevana, finalmente se resolvió esta semana, después que ambas partes llegaran a un acuerdo que estableciera la suspensión condicional para el acusado.

Ok, primer párrafo y ya empezamos a hablar en términos legales. Algo que siempre sucede cuando uno se enfrenta a la lectura de una noticia de este tipo en los medios. Vocabulario legal replicado por un profesional de las comunicaciones incapaz de “traducir” a buen castellano, lo que un fiscal o el acusado declararon después del juicio.

Sin embargo, como Internet es un espacio de conversación amplio y asombroso, fue el mismo Álvarez quien aclaró ciertos puntos claves de lo que se estaba discutiendo en los medios, a través de un comentario de una crónica publicada en un blog de tecnología nacional.
Ahí, el acusado explica que HBO no fue capaz de comprobar los cargos que se le imputaban; que el acuerdo al que se llegó fue propuesto por la fiscalía, y que en el fondo, la suspensión condicional del procedimiento, es decir, el que no haya proceso penal, significa una victoria para él, pues evitó una demanda en su contra que exigía compensaciones por 500 millones de pesos o su equivalente en cárcel.

Hasta este punto todo bien. Entendemos que Álvarez se reconoce inocente de lo que se le acusaba y el acuerdo al que llegó con la cadena de entretenimiento así lo evidencia.

Sin embargo, no deja de llamar la atención las declaraciones del abogado representante de HBO, Rodrigo León, quien luego de conocida la resolución del caso, afirmó que “La piratería es todo acto de reproducción y comunicación pública no autorizada por la ley, todo lo que sea cooperar para la comunicación pública no autorizada en nuestro país. Indexar, linkear, o enlazar a material pirata es una cooperación al acto de comunicación pública y está amparado por los derechos de propiedad intelectual”.

¿Es tan así? ¿Estaremos todos cooperando en el acto de comunicación pública cuando enlazamos en Facebook un video o una canción que nos gusta? ¿Quién es el pirata ahí? ¿ yo por enlazar o Facebook por ser el que me otorga el espacio para hacerlo?

Caso cuevana

Basta darse otra vuelta por la red, para encontrar una respuesta a estas preguntas. Claudio Ruiz, abogado y presidente de la ONG Derechos Digitales, a quien conocí cuando hice mi práctica profesional en dicha institución, pone en perspectiva los “acalorados” dichos de León. Es simple: el derecho de autor no restringe el derecho a enlazar. No existe delito cuando linkeamos. Parece obvio, pero ¿pedirle permiso a Sony Music para publicar un video de Shakira en mi muro?

La Internet se construye a partir de enlaces. Todo lo que existe cuando navegamos, es parte de una gran red de enlaces.
¿De qué tipo de Internet estaríamos hablando si enlazar fuera ilegal? De una Internet controlada y vigilada por terceros; de una red que no permite la libertad de expresión; de la web muerta.
Hablo de Shakira porque me suena al ejemplo más común, pero bien podría referirme a Wikileaks, Twitter e incluso Google.

El ecosistema digital se desarrolla a partir de la interacción entre personas.NapsterThe Pirate BayFacebook y Cuevana, son parte de esta conversación colectiva.
Que las grandes industrias del entretenimiento no hayan sido capaces de generar un modelo de negocios que integre a Internet en la difusión de sus productos culturales como películas o series (Netflix es una opción, pero recién el año pasado llegó a Latinoamérica), es su problema. La solución no está en criminalizar a los mismos usuarios que comprarán su merchandising o harán crecer su audiencia por la publicidad boca a boca.

Lamentablemente, lo de Alvarez no es un caso aislado. En mi opinión, la tendencia mundial avanza hacia una mayor restricción de nuestros derechos como usuarios. Es por eso que creo que estamos en un momento clave para repensar la forma en que utilizamos Internet, y tomar conciencia de la fuerza que ejercen las grandes industrias del entretenimiento en el establecimiento de normas que merman nuestra libertad de compartir y convivir en red. #Enlazaresbueno, señores.

¿Más servicios, menos derechos?

Publicada el 05.05.12 en Blog SoyConcepción

Los cambios que ha generado Internet en cada una de estas esferas donde la sociedad interactúa, han ido en respuesta a las necesidades del nuevo usuario que nace con la masificación de la web. Eso ya es un hecho casi irrefutable.

Desde las industrias culturales, pasando por los organismos de gobierno, hasta los medios de comunicación, lo evidente es que la web 2.0 y la posibilidad de que seamos nosotros los encargados de producir y compartir contenido, está cambiando las estructuras donde antes se sostenía una economía entera.

La importancia que cobran hoy las leyes de propiedad intelectual y el concepto de derecho de autor que rigen en cada país, se explica por la gran cantidad de productos creados por terceros, con los que diariamente interactuamos cuando navegamos por Internet. Ya lo vimos con el caso Cuevana, con lo que sucedió en Argentina con Taringa y hace pocos meses con la abortada Ley SOPA en Estados Unidos.

Al parecer, el revuelo mediático que estos casos han producido en la población, le han abierto los ojos a muchos. (¡Aplausos!).

Pareciera ser que recién este año, a los usuarios chilenos les picó el bichito por conocer cuáles son sus derechos como ciudadanos en Internet y se interesaron por entender un poco mejor las regulaciones en materia de propiedad intelectual que tiene su país. Y así, casi como en un juego de azar, se encontraron con que en todo este embrollo, lo que realmente está en juego no es su posibilidad de bajar o no tal canción, ni comentar un video de derecho restringido en alguna red social, sino más bien el deber que cada uno tiene de conocer y defender sus derechos fundamentales que se estarían vulnerando si un proveedor de Internet llegase a tener la facultad de vigilar lo que hacemos cuando nos conectamos, o de restringir el uso que hacemos de la web.

Compartir a un amigo un enlace a un video en Youtube con una canción protegida con copyright, o enviar vía Twitter el enlace para la descarga del último capítulo de Game of Thrones, no constituyen para ninguno de nosotros actos que nos conviertan en criminales. No ahora, pero sí eventualmente cuando se firme, por ejemplo, Acuerdo de Asociación Transpacífico – TPP que establece fuertes regulaciones en materia de propiedad intelectual para todos los países que conforman el acuerdo.

Las especificidades legales y la construcción de análisis en torno al “debido proceso” que tienen cada uno de los casos de los que aquí se hablará, no es parte de lo que esta columna pretende ser. Sino más bien, un espacio de discusión desde el punto de vista de la ciudadanía misma. De lo que nosotros como usuarios podemos llegar a manifestar y de la forma en que podemos dialogar con nuestros representantes (o simplemente nuestros pares) para que no se atropellen nuestros derechos fundamentales, en pos de intereses comerciales de otros.

La democracia digital y el entendimiento del potencial que tiene Internet para conectarnos, compartir, expresarnos y acceder a productos culturales de toda índole, es lo que hoy debemos discutir y defender.

Imagen bajo licencia CC-BY-SA de mobius1ski

2011: Favoritos

Un año en el que no me pegué con ningún disco y en el que disfruté más canciones separadas de todos los tiempos. Lo anterior, problablemente por culpa de Afterlou, el mejor sitio de playlists del mundo.
Mi lista con las 10 carpetas descargadas que más me gustaron durante el 2011 es:

10.- James Blake: James Blake
9.- Cass McCombs: Wit’s end
8.- The Fellies: Here before
7.- Wilco: The whole love
6.-  Baxter Dury: Happy soup
5.- Cass McCombs: Humor risk
4.- Stephen Malkmus & The Jicks: Mirror traffic
3.- The Dodos: No color
2.- Wu Lyf: Go tell fire to the mountain
1.- Real Estate: Days

Ver también:

Lista favoritos 2010
Lista favoritos 2009
Lista favoritos 2008
Lista favoritos 2007
Lista favoritos 2006

|4| Propiedad intelectual y derechos de autor en medios online: Alternativas de protección de contenidos en la era digital

Chile y el mundo

Alguien dijo que Google promovía la promiscuidad.
Eso es malo para las relaciones pero bueno para el periodismo.
En el HuffPo hacemos enlaces a todas partes,
porque a la gente le interesa.
Si sólo le das a las personas tu propio contenido,
se van a ir a otro lado.
– Arianna Huffington

¿Por qué El Mercurio ha anunciado (¿ya empezó a hacerlo?) que cobrará por sus contenidos online si las cifras muestran que desde que The Times hizo lo mismo, perdió cerca del 90% de los lectores por Internet?

Los objetivos del periodismo que plantea Rupert Murdoch parecen no tener tanto valor social o masivo, sino más bien de una exclusividad que genera más atractivo en los avisadores por el tipo de usuarios al que llegan con sus suscripciones.
En este sentido, El Mercurio estaría planteándose ir en una línea similar, al intentar quedarse con sus lectores fieles de un sector socio-económico alto que valora el pagar por un servicio en Internet.

El cobrar o no por los contenidos digitales es otra arista más de esta adaptación de los medios de comunicación a los modelos económicos que parecen más viables en Internet y dicen mucho del valor que le asignan al periodismo como mediador de realidades.

Insisto. Entender estas decisiones comerciales, es reconocer la forma en que un medio se plantea ante su audiencia, y en definitiva da cuenta de quién es su principal público de interés.

Volvamos al punto inicial: los medios y los derechos de propiedad intelectual en la era digital. Tal como observamos en los casos chilenos, en la esfera internacional también se han dado experiencias en que los medios han decidido cambiar sus políticas de copyright a un estándar como el que ofrece Creative Commons.

En octubre del año pasado, la edición italiana de la popular revista de tecnología y cultura, Wired, comenzó a licenciar sus contenidos web con Creative Commons. Riccardo Luna, editor de la publicación, calificó la decisión como “un pequeño paso en la dirección correcta, una señal clara a todos los demás”.

El reconocido sitio de noticias español, 20minutos.es, desde el año 2005 que funciona con el licenciamiento CC que permite copiar, distribuir, mostrar, hacer trabajos derivativos y el uso comercial de sus contenidos, con algunas condiciones.
Para qué hablar de todos los blogs especializados en tecnologías, ciencias, deporte, música. Lo raro, hoy por hoy, es no encontrarse con el banner de Creative Commons que detalla el tipo de licencia que ha adoptado el sitio.

Ciertamente desde la independencia resulta mucho menos arriesgado tomar la decisión de liberar los contenidos para que puedan ser utilizados con responsabilidad por los usuarios. Sin embargo, pienso que la diferencia más importante entre la rapidez con la que los blogs se han apoderado de la cultura libre, en comparación con los medios, es que para ellos la Internet es su ambiente natural y entienden perfectamente las reglas. Nacieron como usuarios, y ven el mundo de la web como un espacio libre.
Los medios, por el contrario, tienen que adaptarse, tienen que empezar desde cero a entender el funcionamiento y su lógica, tienen que entrar en un ambiente en el que por alguna extraña razón, ya no les es tan propio.

Sin ánimo de parecer estar promocionando o vendiendo un modelo de gestión de contenidos que –por cierto- es gratuito y pertenece a una fundación sin fines de lucro, creo pertinente englobar la labor de los medios dentro de un proceso de cambio universal en que la Internet está jugando un papel fundamental.
No sólo la prensa está cambiando su manera de presentarse en el mundo online, sino también los gobiernos poco a poco están adoptando políticas de transparencia que propician una relación más cercana con los ciudadanos.

En países como Australia o el Reino Unido, la visión del usuario como un ciudadano común y corriente que cada vez más se nutre de Internet para informarse sobre lo que sucede en su vida y entorno, se ve representada en las políticas públicas de gobierno que fomentan el acceso libre a los contenidos publicados en su web. Es lo que se ha bautizado en el extranjero como Open Government o Gobierno Abierto, donde la información pública se asume como un bien común que debe estar disponible para la ciudadanía, con el fin de promover la transparencia y la participación en democracia. Uno de los elementos básicos para que esto se diferencie de lo que día a día observamos en los sitios del gobierno, es que el acceso a los datos públicos posibilite el uso amplio del material, es decir, que además de estar licenciado libremente, se distribuya en formatos abiertos y altamente reutilizables, como XML o similares.

Barack Obama y el gobierno de los Estados Unidos van en la misma línea. El sitio que creó para su campaña política estaba licenciado con Creative Commons y cuando asumió la presidencia del país, una de sus primeras medidas fue licenciar abiertamente el portal de la Casa Blanca. Para él, fortalecer la base de la libertad parte por dinamizar la participación ciudadana y promover la transparencia.

Del mismo modo, cuando el gobierno del Reino Unido decidió adoptar las licencias Creative Commons para liberar casi la totalidad de la información pública, lo hizo pensando en tres factores; el primero de ellos es la idea de que el sector público debe garantizar que los procesos de concesión de las licencias sean simples y permitan alentar a la sociedad civil, emprendedores sociales y al sector privado, para volver a utilizar la información con el fin de promover actividades creativas e innovadoras, entendiendo que ello entregará enormes beneficios para el Estado. El segundo, hacer un gobierno más transparente y abierto en sus actividades, asegurando que los ciudadanos estén mejor informados sobre la labor del gobierno y del sector público, y el tercero, permitir una participación más cívica y democrática.

En educación, los cambios también son evidentes. El Instituto Tecnológico de Masachusets (MIT en sus siglas en inglés) ha sido, sin lugar a dudas, la institución académica que ha permanecido a la vanguardia en la implementación de prácticas abiertas para innovar en términos educativos. En el año 2001 puso en marcha el “Open Course Ware”, una iniciativa editorial a gran escala que proporciona materias o cursos gratuitos y de acceso libre a disposición de todos los usuarios del mundo.
La idea central del proyecto no estuvo en generar un servicio de educación a distancia ni mucho menos. Las Universidades que han adherido al programa no entregan diplomas ni títulos a los usuarios, sino que simplemente eliminan ciertas barreras de acceso que tradicionalmente se han interpuesto entre las personas (estudiantes o no) y el conocimiento. De esta manera, para marzo de 2009 los profesores del Instituto aprobaron la nueva política bajo la cual todos los autores del MIT dan permiso no exclusivo para la difusión de sus artículos de revistas de acceso abierto a través de DSpace, una plataforma de software open source. Con ello, se convirtieron en la primera Universidad de Estados Unidos en aplicar plenamente una política seria y transversal a todas sus facultades.

Meses más tarde, el Universisty College London anunció la decisión de ofrecer acceso libre a todas sus investigaciones alojadas en la web, con el propósito de impulsar la economía y así derribar las barreras que se imponen en el desarrollo de avances científicos.
En la misma línea, la prestigiosa Universidad de Harvard adoptó, desde febrero de 2008, una política clara en favor del Open Access, mediante la creación de un repositorio documental que alberga todos los trabajos de sus investigadores.
Iniciativas que se han replicado en la Universidad de Barcelona y la de Oxford, y que han caminado en paralelo a las propuestas elaboradas por los propios estudiantes.

¿Por qué el periodismo tendría que ser una excepción? ¿Por qué, si nuestra materia prima –la información, los datos- son los elementos que mueven a la sociedad de nuestro tiempo, tendríamos que poner barreras al acceso y la utilización del material que elaboramos?
Son tantas las preguntas que surgen al intentar entender la posición en la que la profesión se encuentra en el mundo de hoy, que la ansiedad por encontrar un modelo que gestione perfectamente las finanzas, con el trabajo bien remunerado y la construcción de una sociedad que valore el plus que tiene un profesional de las comunicaciones, no debería generar nada más que creatividad. Ideas que sirvan para complementar de la mejor manera posible las herramientas con las que contamos y que deriven en el desarrollo íntegro de la profesión.

Para ello, y si no se alcanzó a entender en las líneas anteriores, es que esta reflexión nace de la inquietud por discutir sobre los medios de comunicación existentes en el país.

Si el campo laboral del periodista en medios en Chile está prácticamente saturado, entonces el profesional que busca otras áreas donde desarrollarse –como sucedió en mi caso- puede observar desde afuera cómo se constituye la oferta informativa y así, encontrar los elementos que, a la luz de los intereses que cada uno tenga, cobren mayor o menor importancia.
Observar las políticas de privacidad de los medios, y entender sus implicancias en la configuración de la oferta que diariamente, segundo a segundo, nos entregan, es un ejercicio sano y útil para la profesión.

¿Quién habla de medios en Chile? Pocos y nadie. El tema más relevante es que en Chile los medios no son tema. Que la educación en medios de la población en general sea más bien exigua, incide en el entendimiento que tienen las personas al escoger tal o cual medio de comunicación que tarde o temprano, configurará su concepción de la realidad.

Iniciar una conversación sobre las implicancias en la utilización de Google News, servicio que ofrece Google para que los medios se indexen permitiendo que sus contenidos estén disponibles de manera organizada –por temáticas y destacadas–, los titulares y primeras líneas de las noticias a los usuarios, que ha traído problemas legales para los medios en todo el mundo; entender de qué forma un medio puede utilizar un video que está en Youtube para acompañar una nota, o en qué afecta que una fotografía tenga derechos de autor para que yo pueda copiarla y pegarla en mi muro de Facebook, son preguntas que vale la pena responder.
Una sociedad funciona mejor cuando las reglas del juego están previamente establecidas y son claras para todos. Tal como cuando un artista dice regalar un disco en Internet, pero no señala qué puedo yo hacer con este (copiarlo, regalarlo, venderlo, remixarlo, etc.), los medios de comunicación hoy más que nunca, tienen el deber de informar hasta qué punto el contenido que me ofrecen es mío o no. Y si no lo es, entonces no generar la ilusión de que funcionan con una lógica abierta.

Esclarecer estos puntos sin duda conducirá a un mayor entendimiento y a aprovechar de mejor manera ese valor tan preciado que tiene una buena historia contada por un buen periodista. No es la idea arriesgar una demanda cuando estamos haciendo algo tan humano y simple como compartir.

(Ensayo periodístico elaborado en base a la práctica profesional realizada en ONG Derechos Digitales – Último trabajo como estudiante de periodismo)